aquella tarde todo indicaba que llovería, diligente y con paso apurado sabia a donde iba pero mi mente no sabia porque, sin embargo marchaba con la diligencia de una segundera infatigable, veía a la gente pasar cada cual ajeno al mundo a su manera, como si todos estuviéramos el puente entre las millones de realidades que había en ellos, finalmente llegue a mi destino, el famoso teatro nacional Miguel Ángel Asturias una edificación simbólica de mi país, y no tanto porque se le considerara un monumento nacional sino mas bien por su forma, o lo que representaba la figura de un león echado, cansado quizás de tanto luchar había cedido al tedio y al conformismo (aunque esto es una mera percepción mía) una de las estructuras mas bellas que había visto. mi corazón aumentaba su ritmo a medida que me aproximaba a la puerta, me adentre en aquel teatro donde no actuaria nadie ese día y sin embargo podíamos ver a los mejores actores en sus representaciones entre las galerías, todos esperando ser estereotipados entre si con una febril afición, dando detalles y pistas de quienes eran atreves de sus vestiduras, sus gestos y sus voces, vean como camina allá aquel barbado intelectualoide con su traje de hippie rezagado, o el fino hombre de negocios y su suntuoso rolex, o la figura gastada de la señora que quiere retener de alguna manera la belleza que se esfumo de su piel, y así en medio de todos ellos apareció en el escenario una figura fantasmal, una que me ha parecido siempre tan única como bizarra, era un anciano barbado llevaba consigo un chaleco de color vino tinto como si se tratara de un maestro de ceremonias en un baile de pueblo, su mirada cansada parecía detener el tiempo a su alrededor, se trataba de el ingeniero Efraín Recinos, con paso lento pero firme se acerco a un micrófono y comenzó a describir como hacia muchos años había logrado construir el edificio tan exquisito en el que nos encontrábamos, su hablar era florido y jovial, me resulto extrañamente familiar, su sola figura era heroica, sentía como el eterno gris de los años no había hecho la mas mínima mella en sus colores, de pronto mi atención se vio cortada por una mano en mi espalda y un rostro en su compañía pronuncio -le habla la señorita de atrás- levante la mirada en tono inquisidor, deseando que se hubiese equivocado de persona, no me quería unir al club de los que pretenden una agradable conversación, quizás porque me sentía mas huraño que de costumbre, para mi sorpresa ahí estaba ella, ella era la dueña de mis pasos, la que me había llevado hasta ahí, en ese momento no podría describir cuan feliz me sentí al verla, la emoción era solo comparable con la alegría que sentía de niño en navidad, ella también se veía feliz, me acerque a donde estaba sentada con sus amigos, casi los ignore por llegar a su lado, en cuanto me senté aprisiono mi mano entre las suyas con la dulzura de una niña que atrapa un gatito, de pronto no había nadie mas, solo ella y yo entre una muchedumbre de seres inconsecuentes, trate de poner mi mente en las anécdotas coloridas del anciano pero era inútil, los breves respiros que daba mi corazón a mi mente eran apenas aprovechados por mis ojos para contemplar un nuevo detalle en su ser, un lunar, una comisura en sus labios, cualquier cosa bastaba para dejarme en la mas solemne contemplación, después de un tiempo la conferencia termino, y salimos a tomar el aire, caminábamos casi al unisonó en busca de la mejor vista del edificio, subimos las gradas exteriores (una peculiaridad del edificio) hasta que no hubo mas gradas que subir, soplaba un viento fuerte que separaba las nubes nostálgicas del día, una a una las luces de la ciudad se iban encendiendo como luciérnagas estáticas a la lejanía, sus ojos resplandecían con el reflejo en medio de la luz casi ahogada de un sol que se despedía, sentí la primordial necesidad de abrazarle, su pecho latía mas fuerte, me estremecía de solo sentir su calor, hablábamos por divagar casi evitando vernos a los ojos, pero llego el momento que se hizo inevitable sentí su aliento abrazar mi rostro poco a poco, era como la brisa de verano, y cerro sus ojos esperando que el espacio entre nosotros quedara anulado, estábamos completamente embriagados el uno del otro, pero de pronto algo me dijo que no estaba bien, ella aun tenia asuntos pendientes que arreglar, era tan difícil discernir en ese instante, pero saque fuerzas de flaqueza y me aparte de ella y pensé -solo una emoción igual o mas fuerte podría ayudarme a salir de este estupor- y sin pensarlo mas me pare en el barandal del balcón y contemple la inmensidad del horizonte, normalmente habría sentido algo de vértigo pero mi mente estaba tan abstraída que ni siquiera me sentí en peligro, vi hacia abajo buscando asustarme y no pude, lo único que pude pensar era cuan pequeño se veía todo, luego voltee y ella estaba a la par mía y entonces ocurrió, sus labios se aproximaron a los míos, yo no tenia fuerzas para apartarme y no había ningún lugar a donde moverme, quise dilucidar algo, no pude, sentí como el calor de su boca me quemaba dulcemente, la angustia volaba lejos de mi el sueño se había terminado pero para hacerse realidad, luego comenzó a llover, sentí como las gotas de la lluvia solo servían para unirnos un poco mas, perdí la noción del tiempo, solo se que cuando abrí los ojos era de noche, y como dos niños jugando corríamos por las calles saltando en todos los charcos posibles. Ella perdió sus aretes en algún lugar y mis libros perdieron sus palabras en la lluvia, aquella noche no nos importo porque ella descubrió que los aretes le estorban cuando la beso y yo aprendí que las palabras ya están de más entre nosotros dos
2 comentarios:
Que ondas mano como esta? Yo, pasando por aquí a saludarle y a felicitarle por el post.
Me pareció muy buena la historia, muy colorida aunque se desarrolla en uno de esos días grises en los que muchas veces no sucede nada, pero cuando algo pasa….todo toma forma y color entre las nubes fantasmagóricas de cielo nublado.
Personalmente debo decirte que esos días son los que ha marcado mi vida en muchas maneras, el verano me parece frívolo porque por alguna extraña razón mis mejores recuerdos siempre han estado acompañados de las nubes tristes del cielo.
En fin, para dejar de parlotear ya mejor te felicito de nuevo, como siempre buenas historias, a ver cuando comparte una donde aparezcamos de extras.
Saludos.
thanks man, es una historia cierta
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