viernes, agosto 24, 2007

El Anciano Inesperado

Caminaba yo a la oficina de un abogado, que queda a unas cuadras de mi trabajo, en el camino había lo de costumbre: ruido, buses, smog, sol y los mil y un personajes de una típicos parroquianos de las calles de Guatemala, los lustradores, la señora de las tortillas, la que vende fruta en bolsa, el vendedor de baratijas, el de los juguetes, el periodiquero, el predicador al viento con su megáfono destartalado y la mas reciente adquisición del circo urbano los fanáticos que ondean sus banderas de partidos políticos al compás de alguna canción popular a la que le cambiaron la letra y ahora es parte de la campaña de el candidato x o y, yo en mi universo interior creando escenografias oníricas a la luz del día, apenas conciente de mi camino, le vi venir hacia mi y pararse a mi lado esperando la luz para cruzar la calle, con un traje a cuadros verde olivo y unas pequeñas rayas rojas que hacían ver como el forro de un sofá, los zapatos negros bien lustrados y un sombrero del mismo color que ocultaba las canas de glorias pasadas, parecía como sacado del buena vista club social; luego de un instante su vos grave y seca alcanzo mis oídos en un amable “joven perdone la molestia ¿me podría indicar que hora es?” y casi por acto reflejo saque el teléfono de mi bolsillo y le dije “las doce y diez” no pude evitar notar que aquel anciano tenia la mirada triste y los ojos casi llorosos “¡muchas gracias!” dijo el secándose la frente con un pañuelo, “de nada” conteste en tono algo indiferente y proseguí con mi camino mientras el se sentaba en las gradas de “la torre de tribunales”, llegue a la oficina del abogado, en el cuarto nivel de el edificio las risas que se oían desde su oficina no eran mas que el aviso de que me haría esperar así que me asome a la ventana en la recepcion y allí note de nuevo al anciano, que permanecía sentado en las mismas gradas como esperando algo, de pronto su mano subió hasta su pecho y se desplomo sobre el asfalto su sombrero rodó como un metro, la gente corrió a donde el estaba en su auxilio y atónito a través del vidrio cuando me saco del trance la chillarte voz de la secretaria del abogado “pase adelante, el licenciado lo esta esperando” le entregue los papeles algo cortante, tenia la mente en aquella escena estrepitosa, cuando logre llegar hasta aquellas gradas vi bomberos, luces y sirenas y una muchedumbre morbosa haciendo un semicírculo y finalmente un bombero, cubriendo el rostro de aquel hombre que seguramente no se imagino que no llegaría a dormir a su casa ese día, ¿cuando nos llegara la muerte?, no creo que nadie lo sepa hasta que llegue su hora y preocuparse por eso tampoco tiene sentido pues igual moriremos todos algún día...

6 comentarios:

-Monique- dijo...

Vaya..
Que interesante.
Pude verlo todo tan claro..
No me imagino cómo hubiera reaccionado yo al ver esa situación.
Tomando en cuenta que quizá fui la última persona a la que él le habló.
No espero que respondas, solo opino.

Cheshire Nekosonik dijo...

la verdad trato de imaginarme que hablo con alguien mas que yo espero que haya sido asi...

Gladys Ames dijo...

Waaaaa, por lo menos muríó con glamour.

Cheshire Nekosonik dijo...

eso que no te quede la menor duda

Betzybu dijo...

mmm... es triste tu relato, porq es un reflejo de la indiferencia y el morbo q existe... es muy triste.

Cheshire Nekosonik dijo...

alguien me dijo que significaba algo que hubiera sido yo